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jueves, 22 de mayo de 2014

"La Meditación lo integra todo"

"Te sientes vivo, eres la vida y lo sabes. Eso es Meditación"

Adquirir el hábito de sentarse a meditar a diario para escuchar lo que nuestro Corazón tiene para nosotros, es abrir un saludable paréntesis en mitad de la actividad cotidiana. Es permitirse un espacio en blanco donde el descanso es completo y total.

Normalmente, realizamos actividades con la idea de obtener algún tipo de beneficio o provecho. Ello es lícito. Sin embargo, la meditación funciona de otra manera. Al meditar, partimos sin expectativas de ninguna clase. Nada hay que intentar obtener. Ningún bien material va a fructificar por el mero hecho de sumergirse en la quietud de la meditación. Los beneficios de la meditación son infinitos, pero de otra índole.

La meditación es el acto del “no hacer”. No hay nada que hacer, ni tampoco ningún sitio a dónde ir…, ni huir. Sentarse, cerrar los párpados y sentirse…, es detener la dimensión espacio-temporal, es descender en vertical hasta lo más profundo del Ser. Es detener nuestro pequeño mundo mental para darnos cuenta, por vía de experiencia, que formamos parte de un Universo infinitamente mayor. A esta comprensión se le denomina conocimiento, y a su aplicación, sabiduría.

A la mente le gusta la variedad, la distracción, el probar diferentes técnicas y debatir sobre la conveniencia de una u otra. Es normal que así suceda, esa es su naturaleza: saltar de un objeto a otro, al igual que un mono salta de una rama a otra. Así, pensamientos, sensaciones, emociones, recuerdos, proyectos, deseos, aversiones, etc. aparecen en el campo de la consciencia arrastrando nuestra atención y robando una energía preciosa que se disipa corriendo en pos de objetivos ajenos a nuestra esencia.

Las técnicas son como juguetes que se utilizan para generar atención. La mente se concentra sobre un objeto siguiendo una técnica determinada. Pero, la técnica, en sí misma, es un medio para llegar a un fin. Y ese fin concreto, es la consciencia del Ser. El camino que se emplee para acceder a tal estado, que es anterior a la mente, es indiferente. No hay ninguno mejor, ni peor, que otro. Son soportes sobre los que construir un portal de entrada para la reconexión. La postura de meditación es el arco, las técnicas son las flechas, pero la diana, eres tú.

En realidad, las diferentes técnicas utilizadas corresponden al nivel de Pratyahara, aislamiento sensorial. El siguiente paso, en la escala que Patanjali indicara en sus Yoga Sutras, es Dharana, la concentración. A través de la práctica continuada de la atención, se llega a la concentración. Y con la concentración mantenida en el tiempo, sobreviene el estado de meditación.

Paradójicamente, al estado de meditación no es posible acceder a través de la mente. La mente es posterior a tal estado. Así pues, realiza tu práctica con independencia de la técnica que hayas decidido realizar. Todas son válidas. Lo que importa es encontrar una que sea adecuada a tu carácter y personalidad. Dedica un tiempo a investigar cuál es la más conveniente para ti, pero no te extravíes en tal búsqueda. Recuerda que, hay tantos caminos como seres humanos, y tú has de encontrar y recorrer el tuyo propio.

Con la práctica de la meditación sobreviene la comprensión de la verdadera naturaleza. Una comprensión íntima en la que sientes la vida que eres y de la que un día creíste estar separado. Nunca te separaste, fue tu imaginación la que supuso que el mundo estaba allí y tú aquí, creando la sensación ilusoria de dualidad. Los sentidos físicos te ayudaron a crear tal percepción errónea del mundo y de la vida.

Cuando te sumerges en el Sí-mismo, independientemente de la técnica que utilices, el océano de la vida se manifiesta porque te das un baño en él. Ya no hay nada que hacer. Sientes que todo está bien, que todo es adecuado. Y todo comienza a integrarse; porque comprendes que eso es lo natural. La meditación lo integra todo porque bebe de la fuente donde la Unidad nace. La mente desintegra y separa, creando la ilusión de la dualidad.

Esto es una experiencia intransmisible a través de la palabra. Si te introduces en la meditación, penetras en una dimensión donde la desintegración es imposible y la integración lo único que existe. Esta nueva percepción hará que todo sea diferente sin que nada haya cambiado. En el mundo exterior continuarán las cosas igual que siempre. Nada va a cambiar porque medites. Y, sin embargo, todo se torna radicalmente diferente, porque el que ha cambiado eres tú. Intentar cambiar el mundo exterior es un esfuerzo ingente que a nada lleva, a menos que tal intento sea la consecuencia de una profunda transformación interna.

El cambio auténtico siempre es interno. Es el que hace que percibas el mundo de un modo diferente, desde un prisma distinto. Y ahora sí, desde esa nueva visión integradora y plena de conocimiento, aparecerá la sabiduría a través de un cambio en el modo de relacionarte con los acontecimientos externos. Será tu actitud lo que se modifique. Y así, será tu mundo el que se transforme. Ya no te proyectarás ni identificarás sobre las cosas; tampoco te dejarás arrastrar por las impresiones externas. Tendrás un eje, que es tu Ser, desde el cual vivir y disfrutar de la alegría de estar vivo. Sentirás el milagro infinito que es poder respirar, caminar y ver un cielo azul en contraste con las nubes blancas.

"Te sientes vivo. Eres la vida. Y lo sabes. Eso es meditación."

EL PROBLEMA (Historia Budista)


Cuenta una leyenda que en un monasterio budista ubicado en una ladera casi inaccesible de las frías y escarpadas montañas de los Himalayas, un buen día uno de los monjes guardianes amaneció sin vida.

Le hicieron los rituales tibetanos propios para esas ocasiones, llenas de profundo respeto y misticismo.
Sin embargo, era preciso que algún otro monje asumiera las funciones del puesto vacante del guardián. Debía encontrarse el monje adecuado para llevarlas a cabo.

El Gran Maestro convocó a todos los discípulos del monasterio para determinar quién ocuparía el honroso puesto de Guardián.

El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, colocó una magnífica mesita en el centro de la enorme sala en la que estaban reunidos y encima de ésta, colocó un exquisito jarrón de porcelana, y en él, una rosa amarilla de extraordinaria belleza y dijo:

- "He aquí el problema".
- "Asumirá el puesto de Honorable Guardián de nuestro monasterio el primer monje que lo resuelva".

Todos quedaron asombrados mirando aquella escena: un jarrón de gran valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro.
Los monjes se quedaron como petrificados, en el más respetuoso silencio, hundidos en sus interrogantes internas...

¿Qué representaría ese bello jarrón con flores?
¿Qué hacer con él?
¿Cuál podría ser el enigma encerrado en tan delicada belleza?
¿Simbolizaría acaso las tentaciones del mundo?
¿Podría ser algo tan simple como que necesitara agua la flor?

Eran tantas preguntas...

En momento determinado, uno de los discípulos sacó una espada, miró al Gran Maestro, y a todos sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y...

Zaz!! destruyó todo de un sólo golpe.

Tan pronto el discípulo retornó a su lugar, el Gran Maestro dijo:

- "Alguien se ha atrevido no sólo a dar solución al problema, sino a eliminarlo. Honremos a nuestro nuevo Guardián del Monasterio".

En realidad, poco importa cuál sea el problema.

Hay problemas cuyo aspecto nos confunde, pues halaga los sentidos.

En el fondo sigue siendo un problema.

Si, un problema, es exactamente eso: un problema, y precisa ser eliminado, no importa que se trate de una mujer sensacional, o de un hombre maravilloso o de un gran amor que se ha esfumado; por más hermoso que haya sido la experiencia que has vivido o lo significativa que haya sido la persona con quien has estado, si no existiera más sentido para ello en tu vida, tiene que ser eliminado.

Muchas personas cargan la vida entera el peso de cosas que fueron importantes en su pasado y que hoy solamente ocupan un espacio inútil en sus mentes, espacio que es indispensable para recrear la vida.

Un antiguo proverbio dice:
"Para que tú puedas beber vino en una copa que se encuentra llena de Té, es necesario primero tirar el té, y entonces podrás servir y beber el vino".

Limpia tu vida, comienza por las gavetas, armarios, hasta llegar a las personas del pasado que no tienen más sentido que sigan ocupando un espacio en tu mente.

Exígete a ti mismo lo que te gustaría exigirles a los demás, y a los demás déjalos tranquilos sin esperar NADA de ellos.
Así te ahorrarás disgustos.

No te quejes con tu Dios diciéndole que tienes un gran problema, dile a tu problema que tienes un gran Dios.
Namaste!!