Quizás, la mejor definición de meditación sea ésta:
“Si la meditación es el arte del éxtasis, también es el arte de la celebración. Es un derecho de nacimiento. Está esperando que te relajes para poder cantar una canción, transformarse en una danza y desaparecer en el estado de absorción divina, como los derviches danzantes. Todas las meditaciones son maneras sutiles de emborracharse de la divinidad”.
Meditar no tiene nada que ver con la seriedad. Relacionamos falsamente meditación con la imagen del yogui en su posición hierática, sentado en loto, inmóvil e imperturbable, o también tenemos la visión del monje o del ermitaño retirado del mundo. Imaginamos una vida de austeridad y de sacrificio.
Pero, meditar nada tiene que ver con la seriedad. Cuando la vocación es genuina y la búsqueda verdadera, la persona dedicada al viaje interior se transofrma visiblemente, irradia una cualidad y una presencia luminosa. Todo su ser emana felicidad.
Mientras tanto, aquí estamos, simples humanos, apegados, identificados, sufriendo en la oscuridad, quizás anhelando la luz y la solución a nuestros problemas “existenciales”, cuando la vida no es un problema por resolver, tal y como afirmaba Kierkeegard, sino un misterio a vivir.
Qué NO es meditación.
Quizás sea más fácil y apropiado explicar lo que “no” es meditación. Meditación no es pensar.
La meditación es un estado de no-mente, de conciencia pura, sin contenido. Los pensamientos no se mueven, los deseos no se agitan, te encuentras en completo silencio: ese silencio es meditación.
La única medicina para nuestros problemas, la medicina última, es la meditación, por lo tanto, olvida tus problemas: sólo entra en la meditación.
Meditar tampoco es concentrarse, pues la concentración es un hacer, un acto de la voluntad, la focalización del yo sobre un objeto. Al contrario, ser consciente significa tener una mente despierta, pero no enfocada. La percepción es el conocimiento de todo lo que está sucediendo. la meditación es pura atención sin tensión.
No puedes meditar, pero sí puedes estar en meditación. No puedes estar en concentración, pero te puedes concentrar. La concentración es humana, la meditación divina.
Meditación no es pensar, sino vivir. Vívela cotidianamente, o sea, vive en ella, o deja que ella viva en ti. La meditación es existencial. No es más que la experiencia vital de cada día vivida plenamente. La meditación no es búsqueda, sino encuentro.
Meditar no es aislarse del mundo, como lo hacen ermitaños y ascetas. Todo lo contrario, es un reconectarse con el universo, es unión (yoga) con la existencia entera.
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| "Todos los corazones, son uno" |
La meditación no es un método, una técnica cualquiera.
La meditación no es aprender algo, porque en esta dimensión nadie nos puede enseñar nada, ni siquiera el maestro. Meditar es más bien desaprender, deshacernos de nuestro bagaje intelectual, de nuestras posesiones egóticas y, en primer lugar, nuestra mente, nuestras ideas y conceptos.
“Vacíense y se conocerán”. Pero ¿cómo lograrlo? La técnica más sencilla y completa en sí es “Vichara” (la autoindagación). Sólo hay que contestar sin cesar a la pregunta fundamental: “¿Quién soy yo?”. Es el método fundamental de Ramana Maharshi, para quien “si realizamos nuestra verdadera naturaleza en el interior de nuestro corazón, eso es la plenitud de ser-conciencia-beatitud (Sat-Chit-Ananda), sin principio ni fin.
Bendiciones
Namaste!!


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